Posted by: Ludi on: 19/11/2011
Se acercan las elecciones y nos estamos calentando… Con dos amigos: una, pepera española, el otro – socialista inglés afincado en España. Hemos pasado desde “La política no me interesa, son todos iguales: unos cabrones!” a “Este viernes es día de reflexión!” “Reflexión sobre…?” pregunto sorprendida. “Pues el domingo! Las elecciones generales!” “Yo no voto.” (Los guiris residentes en España sólo votamos en las elecciones municipales.) “Ya, pero podrías mandar energías positivas para que gane quien tiene que ganar.” “Y quién tiene que ganar?…” “A, pues mejor que no votes. Sería un voto perdido.” (Para el PP.)
Luego me explico: soy liberal de madre a hija, de abuelo a madre a hija. Creo en el capitalismo de las pequeñas iniciativas libremente ejercitadas y en una sociedad tolerante. En mi país normalmente voto por el Partido Democrático-Liberal, que pertenece al mismo grupo europeo que el Partido Popular español: el de los Populares, en el Parlamento Europeo. “Entonces en España votarías por el PP!” dice la amiga pepera con entusiasmo. “O sea, eres conservadora!…” murmura el amigo socialista profundamente decepcionado conmigo. “Coño!” me digo yo. “Ya había dicho desde el primer momento que mi PDL nunca debería haberse metido en el Partido Popular Europeo, sino en la Alianza de los Demócratas y Liberales.” “No!” les contesto en voz alta a los dos. “Ni pepera, ni conservadora – soy liberal!” “Y eso qué es??” se extraña mi pepera. “Vosotros no teneis liberalismo en España. Hubo un período a principios del siglo XIX, el así llamado ‘trienio liberal,’ pero luego desapareció. Ahora hay que ser o de derechas, o de izquierdas. El centro no existe.” (Es que el Centro siempre le ha sentado mal a España: causó revoluciones, guerras o golpes de estado. Incluso el trienio liberal terminó así…)
Acabamos la charla de buen humor, y voy pensando a casa: “prin noi înşine” (“por nosotros mismos”) era el lema del gobierno liberal rumano de entreguerras – un tiempo que a los rumanos (no sólo políticamente) liberales siempre nos pone nostálgicos. Fue el lema que llevó al país a ser el segundo productor europeo de alimentos y de petroleo (séptimo en el mundo). Y fue el espíritu que animó a artistas como George Enescu y Constantin Brâncuşi a ganarse reputación mundial. Ay, ¡qué tiempos aquellos! Pero, claro, luego llegó la guerra, los comunistas y los fascistas, y lo cagaron todo.
Pero, a lo que iba: el centro, que es el que te da bastante estabilidad como para desarrollarte libremente, es decir con suficientes recursos/oportunidades y sin miedo o pasiones radicales que acaban por infringir los derechos de los demas, ya no existe. Mejor dicho, tanto existe, que desapareció. Canibalizado por partidos de izquierdas que temen ser “demasiado” socialistas – o de derecha que temen ser “demasiado” conservadores – y, por ende, se han convertido en “centro-izquierda” – o en “centro-derecha.” Eso, a lo mejor, tranquiliza a los mercados… Pero al mismo tiempo transforma el centro-centro en un fantasma. En agua pasada. En mera nostalgia.
Así que yo, aunque votase, no sabría por quien votar en España, realmente. Lo que me pone en la posición satírica del típico votante rumano, fijo: el que, confuso y dudoso, aparte de ebrio, no para de preguntarse “¿Yo por quién voto?” Tengo entendido que el PSOE de Zapatero ha defraudado a sus electores fieles por haber tomado medidas “neoliberales” (o sea, antisocialistas) impuestas, por supuesto, por los mercados (y por Angela Merkel, que conste). En mi opinión, la asombrosa impopularidad actual de Zapatero se debe principalmente a la (falta de) comunicación. Cuando por fin salió del “denial” y admitió que había una crisis en la floreciente España también, se puso a trabajar con tanto ahínco, que se olvidó de que detrás de él había una ciudadanía deseosa de escuchar y entender el porqué de esas medidas. Explicado en cristiano, no en jerga financiera. De habérselo comunicado a tiempo, con sinceridad y a cada paso, quizá le habrían guardado un poco de respeto hasta hoy día… En cuanto a Mariano Rajoy, dice que gobernará desde el centro. Personalmente, no sé porque, no lo creo. Pero lo que sí veo es que la poca esperanza que queda se ha puesto en él.
Finalmente, me acuerdo del cara a cara televisivo en las elecciones presidenciales rumanas de 2004. Los candidatos eran Adrian Năstase (corbata azul), un socialista apoyado por los conservadores – lo que en Rumanía significa los ex-comunistas -, y Traian Băsescu (corbata roja), el actual presidente demócrata-liberal del país. Según los sondeos, Năstase iba a ser el próximo presidente. Y qué hace Băsescu, entonces? Al final del debate, dice: “Sabes, Adrian, me parece una maldición terrible que esta nación tenga que elegir entre dos ex-comunistas. Ya que ambos fuimos miembros del partido comunista…” Dijeron que fue falsa sinceridad. Puede ser. Pero el mensaje era sincero. Era la verdad. Y la verdad le ganó las elecciones.
En naciones desilusionadas pero despiertas, la verdad gana las elecciones.
Y qué en España, este domingo, gane el mejor! Entiéndase lo que los españoles quieran entender por “el mejor.”
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